Lateralidad cruzada, ¿Qué es? ¿Cómo tratarla?

Lateralidad cruzada, ¿Qué es? ¿Cómo tratarla?

Buenas a [email protected]!!! Hoy os traigo un artículo sobre la lateralidad cruzada, ya que muchos padres me preguntan en mi consulta de San Fernando y a veces se solapa los síntomas con el TDAH cuando no lo es.

Nuestro cerebro está subdividido en dos hemisferios, el derecho y el izquierdo. Salvo casos excepcionales, cada hemisferio gobierna una serie de funciones y también la mayor parte del lado inverso del cuerpo. En la mayoría de las personas, se da una prevalencia de uno de los hemisferios, prevalencia que queda definida alrededor de los cinco años de edad. Esta especialización lateral es lo que llamamos “lateralidad” o “lateralización”.

Para comprender qué es el trastorno de lateralidad, primero hay que entender qué es la lateralidad; la cual está estrechamente relacionada con el funcionamiento de nuestro cerebro. Vamos a verlo.

Los hemisferior cerebrales y la lateralidad

Nuestro cerebro está subdividido en dos hemisferios, el derecho y el izquierdo. Ambos hemisferios están unidos por el cuerpo calloso, que es una banda de fibras que los conecta y a través de la cual se vehicula la transmisión de información procedente de la visión, el tacto, el oído, etc. La mayor parte de la información que llega a nuestro cerebro procedente de los sentidos tiene que “cruzar” desde el lado que recibe el estímulo sensorial al hemisferio opuesto. Asimismo, el hecho de que, por ejemplo, podamos ver objetos en tres dimensiones (lo cual supone realizar cálculos sobre la profundidad a la que se hallan y su distancia respecto a nosotros) es debido a que nuestro cerebro es capaz de fusionar la información que le llega de los dos hemisferios: la información que recibe un hemisferio a partir del ojo contrario se combina con la que recibe del otro hemisferio (la del otro ojo).

Salvo casos excepcionales, cada hemisferio gobierna una serie de funciones y también la mayor parte del lado inverso del cuerpo.  El hemisferio cerebral derecho gobierna la percepción visual y espacial (no verbal) que tenemos del mundo, así como las emociones y las habilidades creativas y artísticas (como, por ejemplo, la musical); el hemisferio izquierdo, rige el lenguaje (el habla y la escritura), la lógica y las habilidades matemáticas y analíticas. Es decir, y para sintetizar simplificando, el hemisferio derecho es el «cerebro artístico e intuitivo» y el izquierdo «el cerebro lógico, racional y analítico».

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Lateralidad o lateralización homogénea

En la mayoría de las personas, se da una prevalencia de uno de los hemisferios. Esta prevalencia o especialización lateral, que queda definida alrededor de los cinco años de edad, es lo que llamamos “lateralidad” o “lateralización”. Por tanto, la lateralidad puede ser diestra o zurda en función del hemisferio cerebral dominante. Lo importante, para que tengamos un buen desarrollo neurofisiológico, es que, independientemente de si es diestra o zurda, la lateralidad esté bien definida; es decir, que sea homogénea. Esta homolateralidad nos permitirá desarrollarnos de acuerdo a nuestro cociente intelectual y emocional.

¿Qué es el trastorno de la lateralidad?

Dado que la definición de la lateralidad en nuestro sistema afecta a la organización de las funciones superiores, cuando no se ha definido bien y se utiliza la parte derecha para realizar algunas funciones y la parte izquierda para realizar otras (lateralidad cruzada o heterogénea), el trastorno afecta al aprendizaje del lenguaje y de las matemáticas, a la capacidad analítica, lógica, de comprensión y concentración, a la percepción espacio-temporal, al equilibrio, etc., impidiendo a la persona afectada desarrollar todo su potencial intelectual; una dificultad que en los niños y adolescentes repercute en su rendimiento e integración escolar, y en los adultos se traduce en problemas personales y laborales, provocando, en ambos casos, mucho sufrimiento: infravaloración, inseguridad, fracaso escolar, problemas de relación, angustia, preocupación en la familia, etc.

Un ejemplo de lateralidad cruzada fácilmente detectable es el de una persona que es zurda de mano y brazo, pero diestra de ojo, pierna u otros campos neuromusculares. En este punto es importante resaltar que solo un 3 % de la población es zurda (utilizan su lado izquierdo en todos los campos de funcionamiento).

Un 25 % de la población (niños, adolescentes y adultos) sufre problemas de lateralidad; un trastorno que, si se diagnostica con la precisión correcta y se trata con la terapia adecuada, tiene cura, sin recaídas posteriores.

Por otro lado, es necesario aclarar que el trastorno de lateralidad no es un trastorno psicológico, de personalidad o psiquiátrico (aunque el hecho de padecerlo pueda ocasionar, como consecuencia, problemas de este tipo). La lateralidad es un trastorno neurofisiológico (del sistema nervioso):  los influjos nerviosos que proceden de cada lado del cuerpo y que deberían confluir en los lados opuestos del cerebro no circulan ordenadamente. Y es hereditario.

Lateralidad homogénea y lateralidad cruzada o hetereogénea

Según cómo se distribuyan las funciones corporales en nuestro cerebro (entre los dos hemisferios), utilizaremos preferentemente un lado u otro del cuerpo (el derecho o el izquierdo) para realizar las múltiples acciones cotidianas: escribir, coger unas tijeras, jugar al fútbol, etc. Cuando una persona utiliza preferentemente el lado derecho de su cuerpo, decimos que es diestra; cuando, preferentemente, utiliza el lado izquierdo, decimos que es zurda (no existe la lateralización 100 % diestra o zurda). Pero en ambos casos (y este es el punto importante para entender después qué es la lateralidad cruzadala lateralidad es homogénea; es decir, es la misma para la mano, pierna y pie dominantes, ojos, oídos y cervicales.

Sin embargo, en algunas personas (un 25 % de la población), y debido a causas genéticas, el proceso de lateralización (que finaliza, aproximadamente, a los 5 años) no se produce correctamente, por lo que no son homolateralmente diestras o zurdas. A esta lateralidad heterogénea la denominamos lateralidad cruzada; un trastorno neurofisiológico que afecta al desarrollo cognitivo de la persona ocasionándole muchos problemas de aprendizaje (de lectura, escritura, orientación espaciotemporal, matemáticas, razonamiento, lógica, equilibrio, etc.) y, en consecuencia, también un gran sufrimiento emocional.

Un ejemplo de lateralidad cruzada sería el de una persona cuyo recorrido sináptico de brazo y mano tuviera dominancia diestra y, en cambio, presentara ojo dominante zurdo, pierna estática zurda, pierna dinámica diestra, oído zurdo y cervicales diestras. En este caso, el paciente (niño, adolescente o adulto) presentará dificultades motrices: de equilibrio estático, de coordinación locomotora (patoso, caídas en la calle, tropiezos frecuentes, etc.), disgrafía, mala letra; al pintar presionará mucho el lápiz y se le cansarán el brazo y la muñeca…Todo este cuadro motor está asociado a lentitud, falta de reflejos, gran dispersión y, por lo tanto, se saltará líneas, se inventará palabras o las omitirá al leer, no retendrá lo que ha leído y esto le dificultará  la comprensión lectora. En la consulta, observamos a menudo adolescentes que leen sin entender lo que están leyendo: lo hacen de forma mecánica porque no tienen adquirida la estructuración espacial y temporal.

La importancia de realizar una terapia

La lateralidad cruzada o heterogénea no se cura por sí sola con la madurez física, emocional, psicológica y mental que se va adquiriendo con la edad. Todo lo contrario: cuanto más tiempo transcurre, más se agrava el problema. El primer paso hacia la recuperación es el diagnóstico precoz, que debe realizarse a partir de los cuatro años y medio o cinco, ya que antes de esta edad, el resultado no puede considerarse fiable.

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Tipos de lateralidad cruzada y tratamiento

1. En la consulta, se observan pacientes que presentan una lateralidad cruzada debido a que utilizan la mano derecha cuando anteriormente eran zurdos. Es lo que definimos como lateralidad contrariada.

En este caso, se debe hacer un test completo de lateralidad de brazo, ojo, mano, pierna estática, pierna dinámica y oído. Si el mayor porcentaje de estos grupos neuromusculares son diestros, se tendrá que lateralizar al homolateral derecho; si la mayoría son izquierdos, se lateralizará hacia la izquierda.

2. La lateralidad cruzada puede observarse también en pacientes que son ambidiestros. Por ejemplo: escriben y comen con la mano derecha, pero recortan con la izquierda, y tienen más fuerza con la izquierda, por lo que juegan a tenis con esta mano.

Estos casos también requieren un test completo que nos permitirá definir si hay que lateralizar al paciente al lado homolateral derecho o izquierdo.

3. Otra forma de lateralidad cruzada es el “de oposición”: el niño zurdo de 5 años que, por crisis de oposición hacia el padre, la madre o la escuela, escribe adrede con la otra mano. Aquí intervienen los factores psicoemocionales y psicosociales del niño.

En este caso, si el resultado del test nos dice que requiere terapia de lateralidad, se trabajará el aspecto neurofisiológico (estimulación de distintos recorridos de influjos nerviosos intercelulares) y se le irá lateralizando paulatinamente al lado homolateral correspondiente, sin omitir el apoyo psicoemocional, familiar y social.

4. El niño que utiliza ambas manos indistintamente: recortar, cepillarse los dientes, etc.

Muchos de los padres de estos niños creen que el hecho de que utilicen por igual una mano que otra es una aptitud, pero es un pensamiento erróneo: hay que lateralizar al niño hacia la derecha o la izquierda de acuerdo a lo que indique el test completo de lateralidad.

Detectar y evaluar la lateralidad

La lateralidad suele evaluarse a partir de los 5/6 años y coincidiendo con los primeros aprendizajes que precisan de códigos escritos. Debemos tener en cuenta que a estas edades la lateralidad probablemente aún está en construcción y es normal encontrar datos contradictorios. El fin de la evaluación debe ser intentar descifrar la lateralidad natural del niño para corregir a tiempo si se detectan cruzamientos.

El problema no es ser diestro o zurdo sino que las diferentes dominancias estén organizadas en el mismo lado, especialmente en lo que se refiere a la mano, ojo y pie.

Aconsejamos para una evaluación correcta el uso de pruebas específicas como el Test de Dominancia Lateral de Harris. A modo de una primera aproximación se exponen algunas de las pruebas comunes para la valoración de la dominancia lateral en sus diferentes modalidades:

Dominancia manual:

Pedir al niño que coja un lápiz de la mesa y que escriba una serie de números (p.e. del 1 al 10). Se observa la mano con la que coge el lápiz y escribe. En condiciones normales, ésta será la mano dominante. Se debe también pedirle que coja diferentes objetos (peine, cepillo de dientes…) y comprobar si sigue utilizando la misma mano o no. 

Podemos luego solicitarle que trate de escribir la misma serie de números pero con la otra mano. Un niño diestro bien organizado debería presentar gran dificultad para efectuar los números con la mano izquierda presentando inversiones frecuentes.

Otras pruebas de verificación: descorchar una botella, pegar etiquetas, manejar herramientas, cortar con tijeras, encaje de puzzles…

Dominancia ocular:

  • Una de las pruebas clásicas es la del papel perforado. Puede utilizarse cualquier material que pueda manejar el niño y que tenga un pequeño agujero central. Se le pide que en posición de pie sostenga con los brazos estirados el papel perforado. A esta distancia se le dice que trate de mirar a través del agujero algún punto situado detrás (puede ser el propio evaluador). La siguiente instrucción es que vaya acercando poco a poco el papel a la cara hasta tocar la misma. Esto debe hacerlo sin dejar de mirar por el agujero enfocando al punto fijado. Una vez que el papel llega al rostro el niño ha situado el agujero frente al ojo dominante. 
  • Puede también evaluarse la dominancia ocular con calidoscopios o tubos pidiendo al niño que mire a través de ellos. El ojo en el que se sitúa el objeto es el dominante.

Dominancia de pie:

Las pruebas clásicas comprenden un amplio repertorio como chutar una pelota o mantenerse durante un tiempo a la pata coja sin moverse. En ambos casos la pierna con la que se chuta o la que sostiene el cuerpo suele ser la dominante.

Dominancia auditiva:

Es, sin duda, a la que menos atención se ha prestado y, a su vez, la que puede presentar mayor variabilidad según la tarea a efectuar. 
Las pruebas más sencillas consisten en entregar algún objeto con ruido tenue (auricular, reloj u otro) y pedirle que escuche atentamente. La oreja hacia la que dirige el objeto es la dominante.

Intervención

Sigue siendo muy controvertida la idoneidad de la intervención sobre la lateralidad a efectos de corregir ciertas irregularidades. Hay autores que defienden la intervención temprana para evitar los posibles efectos posteriores sobre el aprendizaje y otros, por su parte, minimizan las consecuencias y defienden el desarrollo natural del proceso limitando la intervención a potenciar en el niño las dominancias establecidas.
Cada niño es un caso diferente con sus propias peculiaridades y no podemos generalizar en cuanto a la necesidad de intervenir.

En todo caso, el paso previo para cualquier intervención requiere de una correcta evaluación psicomotriz, de estudiar la historia evolutiva del niño, el conocimiento de la existencia de posibles trastornos orgánicos o secuelas de accidentes y también de los resultados del examen oftalmológico. 

La mala lateralidad puede manifestarse de diferentes formas siendo la más corriente la que suele denominarse como cruce lateral simple en el que el niño utiliza habitualmente su ojo dominante y escribe con la mano subdominante, es decir, es el caso de niños diestros de pie y mano pero con dominancia en el ojo izquierdo o a la inversa. 
En estos casos se aconseja que, si se decide la corrección de la lateralidad, actuar sobre el cambio de la dominancia de la mano antes que con la del ojo. Esto se justifica dado que es menos complicado y actuamos a favor de la tendencia neuro-biológica del niño. 

No hay que olvidar que la tendencia lateral induce una distribución de funciones entre los dos hemisferios y, por tanto, aplicar un programa en contra del diseño neurobiológico supone complicar bastante la red de conexiones interhemisféricas. Contrariamente, aplicar un programa a favor de esta tendencia simplifica el proceso y optimiza los resultados.

En el caso de aplicarse un cambio de dominancia visual debe contarse con las directrices de un especialista en optometría que dirija el tratamiento.
Normalmente el tratamiento consiste en un programa de entrenamiento visual que implica la obturación del ojo que debe ceder la dominancia o el trabajo con filtro rojo. Las diferentes actividades que debe realizar el niño han de ser determinadas por el optometrista.

Si cree que su hijo puede tener este problema, puede acudir a mi consulta ya que yo puedo ayudarle, realizando un diagnóstico y una posterior terapia para evitar un posible fracaso escolar entre otros problemas ya mencionados en esta entrada.

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